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Javier Salvador Bruna
Centro de Información y Documentación Científica (CINDOC-CSIC)
Historia
La historia de la apicultura se remonta a los primeros
asentamientos de población humana. Existen evidencias de
que la miel ya se utilizaba como alimento durante el Mesolítico,
alrededor del 7000 a.C, como muestran algunas pinturas rupestres
encontradas en La Cueva de la Araña (Bicorp ,Valencia), donde
las escenas narran la recolección de miel de los panales.
En otras partes, como las actuales China y Egipto, han sido hallados
recipientes para cobijar abejas fabricados con mimbre tejido, una
técnica que se ha empleado en algunas zonas hasta el siglo
XX. Lo cierto es que la apicultura es una actividad paralela al
surgimiento de la civiliación moderna, y conocemos los nombres
de algunos antiguos apicultores como Aristomaco de Soles, o Filiseo
de Tasos. El poeta Virgilio, es sus Geórgicas, ya
le concede su importancia. Desde entonces, han surgido una gran
cantidad de apicultores
famosos
Durante la antigüedad, el uso de la miel no
se limitaba a la alimentación; también era frecuente
su uso religioso en forma de ofrenda a los dioses, o para embalsamar
cadáveres de personalidades relevantes taponando los orificios
de entrada al cuerpo con miel y cera, así como otras aplicaciones
médicas de prevención de enfermedades y como antiséptico.
Las primeras colmenas debieron de ser pequeñas,
ya que lo habitual era hacer que enjambraran con rapidez; para su
construcción se utilizaban diferentes materiales, dependiendo
de la zona en que se encontrara el apicultor. La recolección
de la miel se llevaba a cabo matando a las abejas, o bien ahuyentándolas
con humo, para poder acceder al interior. No fue hasta la Edad Media
cuanto se inventó alguna forma de protección para
manipular las colmenas sin perjudicar a los insectos, aunque incluso
entonces se ignoraba prácticamente todo el funcionamiento
de la colmena: no se sabía cómo se formaba la cera
de los panales, ni el modo de organización jerárquica
de la colmena, ni la importancia de las abejas en la polinización.
La abeja melífera, a pesar de ello, no es
demasiado antigua si exceptuamos el Viejo Mundo. Hasta el siglo
XVI no fue transportada a otros continentes, entre ellos América,
cuya costa oeste no conoció a esta abeja hasta mediados del
XVIII. En Australia fue introducida por los ingleses hacia 1822,
y desde entonces este polinizador se encuentra distribuido por todo
el mundo. Quizá el último gran territorio no colonizado
fue Siberia, que acogió la primera población de abejas
ya en el siglo XX.
A mediados del siglo XVIII, Arthur Dobbs observó
cómo las abejas reunían polen de una sola clase de
flores en cada vuelo, y sugirió que si no fuera así
acontecerían desastrosas fertilizaciones cruzadas. A finales
de ese mismo siglo, en 1793, C. K. Sprengel definió el papel
que representaban las abejas en la polinización de las flores.
Las técnicas de gestión apícola
también fueron mejorando; una de las innovaciones para extraer
la miel sin perder las colmenas consistió en trasvasar todas
las abejas a una misma colmena, por el simple procedimiento de colocar
una colmena invertida frente a otra, y golpear las paredes para
que las abejas cambiaran de "vivienda". Al unirse varias
colmenas, las reinas luchaban hasta que prevalecía una de
ellas. En esta época ya se usaban colmenas fabricadas en
madera, y surgieron ingeniosas formas de contemplar con comodidad
el trabajo de las abejas, como colmenas fabricadas en crital, o
formadas de paneles de madera unidos con bisagras que se podían
mover con facilidad. En cualquier caso, seguía sin estar
resuelto el problema principal para la recolección de miel:
hasta entonces, la única forma de extraerla era recortando
las paredes de las cajas, que era donde las abejas formaban sus
panales.
Hacia 1806 un apicultor ucraniano, de nombre Peter
Prokopovich, inventó y comercializó los cuadros móviles,
con el único inconveniente que las abejas fijaban los cuadros
a las paredes con cera o propóleo, así que la extracción,
aunque más sencilla, no resultaba del todo cómoda.
El paso siguiente tuvo influencias griegas, donde los apicultores
ya utilizaban colmenas más anchas en su parte superior, evitando
así que las abejas pudieran soldar los cuadro a la estructura.
El viajero Sir George Wheler describió este mecanismo, usado
quizá desde hace siglos en aquel país, pero que en
Inglaterra no llegó a ponerse en práctica hasta 150
años más tarde.
Fue un estadounidense, Lorenzo Lorraine Langstroth,
quien dio el salto definitivo a la apicultura moderna. En otoño
de 1851 creó una colmena con cuadros perfectamente móviles
y manejables...
"Reflexionando, como lo había hecho tantas
veces ya, acerca de en qué forma podría acabar con
la desagradable necesidad de cortar las adherencias de los panales
de la pared de la colmena y desechando por razones obvias el plan
de marcos verticales, encuadrando justo (o prácticamente
justo) entre esas paredes, me vino a la mente la idea casi evidente
de usar el mismo espacio apícola como en las alzas de poca
profundidad; en un momento surgieron los cuadros colgados, móviles,
mantenidos a una distancia conveniente entre sí y el cajón
que los habría de contener. Viendo por intuición,
cómo sucedió, el fin del principio, apenas pude contenerme
de gritar en medio de la calle: ¡Eureka!"
Así, diez años más tarde la
colmena de marcos móviles era popular en los Estados Unidos.
Poco después pasó a Inglaterra, y de allí al
continente europeo. En cada país surgieron modificaciones
y modalidades, acompañadas por una gran cantidad de nuevos
inventos y procedimientos: las hojas de cera estampada el alemán
Johannes Mering (1857), la extracción de miel centrífuga
en Austria (1865), el perfeccionamiento del excluidor de reinas
(Francia, 1865) o el escape de abejas creado por Porter en Estados
Unidos (1891).
A medida que progresan los adelantos técnicos,
se hacen patentes las diferencias entre ambos contiententes, el
europeo y el americano. La productividad es menor en el primero,
a pesar de que la población de abejas es muy superior, debido
a que la tradición apícola, de alguna forma, entorpece
la asunción de las nuevas técnicas que se aplican
y mejorar con más eficiencia en toda América y en
Australia. Además, en el Nuevo Mundo la apicultura se transforma
en un medio de vida, mientras que en Europa es mayoritario el apicultor
aficionado que utiliza las abejas como complemento a otras actividades
profesionales. A pesar de ello, las organizaciones profesionales
más importantes se encuentran en Europa, en países
como Austria, Checoslovaquia, Alemania o Suiza, cuyos niveles de
producción de miel son mucho más bajos que el promedio.
Debido a todo esto, Europa se convierte en zona importadora
de miel, frente a otras regiones como África, donde se produce
la mayor parte de la cera de abejas del mundo -y en cuya parte sur
ya están instaladas colmenas modernas, llevadas por los colonizadores-,
o América, donde existe quizá la reserva más
rica del mundo en polen y flores. Gran parte de la miel producida
se exporta, al igual que sucede en Australia y Asia.
Un vistazo a las densidades aproximadas de colmenas
cada milla cuadrada puede darnos una idea de cual es el estado de
salud de la apicultura en todo el mundo
| |
Colmenas/milla cuadrada
|
Nº total de colmenas
|
Producción de miel
|
Exportación
|
Rendimiento por colmena
|
|
América del Norte
|
1
|
5 mill
|
|
|
25 kg en USA / 55 kg en Canadá
|
| América Central y Sudamérica |
2
|
4 mill
|
100.000 ton.
|
|
27 kg
|
| Europa (excepto Rusia) |
7
|
13 mill
|
|
|
9 kg
|
| África |
|
|
83.000 ton.
|
|
|
| Australia |
0,14
|
|
18.000 ton.
|
50% aprox.
|
36 kg
|
| Fuente: www.todomiel.com.ar |
Fuentes: www.todomiel.com.ar
- www.tiatrini.com.mx/apimun.htm
Bibliografía recomendada
Jaime Gómez, José de. Historia
de la Apicultura - Libro que contiene la historia de la apicultura
en España hasta 1492. Es el primero de un proyecto de tres
volúmenes. Su precio: 21,04 € |